Suman ya decenas los encuentros que hemos sostenido en pos de la reconciliación nacional. Personal y telemáticamente conversamos, más bien oímos, a empresarios, comerciantes, industriales, emprendedores, trabajadores, educadores, estudiantes, religiosos, editores de medios y periodistas, influencers, consultores y a la par dirigentes políticos que promovieron la abstención e incluso varios congresistas estadounidenses y europarlamentarios interesados en la suerte de Venezuela, algunos frustrados por la falta de resultados de una estrategia que locales le vendieron como “un tiro al piso”.

Han sido muchas horas lejos de los micrófonos y las cámaras, en la convicción que las primeras aproximaciones lo menos que necesitan es ruido y empeñados en generar confianza, que es quizás lo más difícil de lograr tras varios diálogos y negociaciones fracasadas en el pasado reciente.

“¿Por qué hemos de creer ahora?”, nos pregunta una reputada periodista; “necesitan victorias tempranas”, advierte uno de los empresarios más importantes del país; “hechos no palabras”, demanda un colega Rector de una prestigiosa Universidad de gestión privada.

Recuperación económica y del salario, soluciones prontas a los muchos problemas que azotan a los venezolanos, optimismo por un despegue acelerado si se logra la estabilidad política, rechazo unánime a las sanciones, es la constante entre los planteamientos de lo que comúnmente se denomina la sociedad civil.

“Si hay condiciones participaremos en las elecciones venideras”, proclama un alcalde opositor; “nos equivocamos llamando a no votar”, reconoce un dirigente partidista nacional; “los radicales de las redes nos impusieron la agenda”, se queja otro; “aquí el problema son los reales”, afirma con desparpajo un diputado de la saliente Asamblea Nacional.

There is a lot of confusion right now in our hallways: you ask for dialogue, negotiation, good relations and other venezuelans ask for pressure, more pressure, sanctions, more sanctions. Is it not easier to agree when it comes to your country?”, interroga por zoom uno de nuestros interlocutores estadounidenses lo que podemos traducir como: “En nuestros pasillos hay confusión ahora, ustedes piden diálogo, negociación, buenas relaciones y otros venezolanos piden presión, presión, sanciones, sanciones. ¿No pueden ponerse de acuerdo en su país?”.

A los gringos repito una y otra vez: las sanciones son un fracaso y causan ruina, pero no sólo fracasaron en Venezuela sino también en Corea del Norte, Cuba e Irán, ocasionando el atornillamiento de los regímenes a los que dicen combatir. Ante el tono moralista que asumen cuando insisten en el ritornelo de elecciones creíbles, observables y verificables, les respondo que eso es lo que aún demanda en Mar-A-Lago el expresidente Trump y casi 80 millones de americanos y que yo crecido en el barro electoral me sé de memoria que las únicas elecciones creíbles, observables y verificables son aquellas donde las partes tienen testigos “resteados”. “What does it mean to say resteados?”,  preguntan, a lo que respondo para que me entiendan: “Son como Sully, el perro labrador de George Bush, que no se movió de su lado cuidándolo aun después de muerto”.

A los dirigentes, con el afecto que les tengo, les pido que en palabras de Getulio Vargas escuchen cómo crece la hierba y entiendan que hay un país que nos da la espalda por nuestras reiteradas equivocaciones. Muestro a varios el último reporte de DatinCorp y Jesús Seguía: el 84 % de los venezolanos exige dar prioridad a la solución de la crisis económica, servicios, social y pandemia; el 60 % quiere acuerdos pacíficos y negociados entre chavistas y opositores; el 81 % desaprueba la gestión de Maduro pero el 88 % rechaza a Guaidó; solo el 2 % confía a la fecha en los partidos políticos o sea, si la matemática de primer grado no falla, el 98 % desconfía.

A lo que más que sociedad civil denominaría la representación de la Venezuela que trabaja y se esfuerza contra todo evento, reconociendo que les asiste la razón en sus reclamos, les pido que nos acompañen en la ruta que hombres y mujeres de bien, sin distingo de banderías partidistas, nos empeñamos en transitar en procura de re-encontrarnos y juntos construir una nueva nación. 

Venezuela será otra, ya lo verán.